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  Formaciones en Los Terrones - Quebrada de La Luna Formaciones en Los Terrones - Quebrada de La Luna
  Los Terrones

Ocho kilómetros al norte de Capilla del Monte, sobre la ruta 38, se abre a la derecha un camino de ripio que conduce hacia la Quebrada de Luna (y a las Cuevas de Ongamira; tres kilómetros adentro se halla la portada a Los Terrones, y a tres kilómetros más, el parque propiamente dicho. No hay que ingresar a él para comenzar a disfrutar de un paisaje diferente. Apenas abandonado el asfalto, el silencio lo invade todo en la medida que la senda se mete como cuña entre los cerros Uritorco y El Pajarillo. El monte serrano abraza las lomas con sus piezas más nobles; talas, tuscas, molles, quebrachos y algarrobos se yerguen sobre la irregular orografía, que poco a poco comienza a hendirse en profundas grietas y depresiones que alternando con cerros bajos conforman la vista magnífica de la misteriosa quebrada. Misteriosa, porque no son pocos los que atribuyen a ese lugar, en algún sitio escondido, la entrada a ciudades subterráneas, un supuesto cósmico ligado al mítico Uritorco y al enigmático Pajarillo, sobre cuya falda, en 1986, una oscura mancha circular (ya borrada) le concedió la distinción de pista emergente de naves extraterrestres.

Y allí Los Terrones, con sus maravillosas moles talladas por el viento y el agua de los siglos. Figuras antojadizas e imaginarias despiertan sensaciones únicas en cada visitante, quienes en la admiración terminan admitiendo la arbitraria lógica de las denominaciones. La Cabeza del Indio, el Dedo de Dios, la Bota, la Tortuga, las Ardillas, el Camello Echado, el Cofre, la Estatua de Sarmiento (peñón energético, dicen), la Coya con su Changuito, y una lista tan interminable de motes como las formaciones mismas, hacen del parque, como ha dicho un poeta capillense, receptáculo de “dones de la naturaleza otorgados por un dios extraño y hermoso”.

Al pie de los paredones, el inicio dé la caminata ofrece dos circuitos: uno corto, de 15 minutos (aconsejado por los guías para el calentamiento previo), y otro, más interesante por cierto, cuyo recorrido dura casi dos horas. La incursión no establece requisitos demasiado rigurosos: todos pueden hacerla. Trepadas y descensos por senderos trazados entre las rocas y el bosque, desplazamientos por estrechos pasadizos entre paredes de más de 100 metros de altura, caminatas por el curso de un arroyo, en medio de un paisaje selvático a veces, mientras los duraznos silvestres, los helechos y las gotas que salpican las cascadas, rozan la cara de los visitantes. Escaleras naturales y otras de hierro encastradas en la piedra, permiten una aventura singular, que al llegar a la cumbre, a 1.400 metros sobre el nivel del mar, despierta emoción y asombro. Entre el conglomerado de cerros de areniscas, una profusa maraña de piquillines y cortaderas, allá abajo, las gargantas profundas de la quebrada; a lo lejos, el espejo nítido del dique Cruz del Eje; arriba, sólo el cielo invitando a la meditación, o alguna nube sorpresiva para mojar con su gracia.

Visitar Los Terrones, en los confines del norte del valle de punilla, es una propuesta que puede encerrar una grata manera de cerrar las vacaciones con un espectáculo regocijante, y es también una oportunidad para conocer otro de los hermosos lugares de esta provincia dechada de maravillas.
 Horario de 9 a 19h

 
 

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