Delicias
de La Paz:
Si bien la estancia estaría dentro de la categoría del tan
en auge "turismo rural", posee cualidades, desde lo gastronómico,
que la distinguen del resto. El chef Luis Piazzano es el
encargado de crear manjares emparentados con la cocina internacional,
con una carta que varía en cada estación del año para extraer
lo mejor de los frutos del lugar, las carnes de selección
y las truchas serranas... pero como en todo campo, los asados
de Don Avila hacen deleitar a nativos y extranjeros en las
mesas ubicadas debajo de los robles, cerca la gran panilla
humeante.
Las actividades que pueden realizar los huéspedes son para
todos los gustos y edades. Un abanico de propuestas tentadoras
que van desde sumarse a las tareas rurales del campo de
2.000 hectáreas hasta cabalgatas, juegos de sapo, bochas,
natación, golf, polo, remo, trekking.
También es posible alejarse un poco de la estancia para
conocer verdaderos tesoros coloniales como la capilla
de Candonga, las estancias jesuíticas de Santa Catalina,
Caroya y Jesús María. Los escenarios naturales como Ongamira,
los Terrones y el Uritorco seguramente serán el broche
de oro de toda la estadía.
Historia:
Como en casi toda la región, estas tierras
fueron entregadas en mercedes entre los primeros conquistadores;
y luego de distintas sucesiones y herencias, fueron bautizadas
con el nombre de Corral de Piedra. Posteriormente, Corral
de Piedra fue uno de los numerosos puestos de la estancia
de Santa Catalina que alcanzó a abarcar más de 62.000
hectáreas cuando en 1767 fueron expulsados los jesuitas
de América. La Junta de Temporalidades se hizo cargo de
los bienes jesuitas, entre ellos Santa Catalina, la que
fue adquirida por el coronel Don Francisco Díaz. Luego
de distintas sucesiones y subdivisiones, el puesto de
Corral de Piedra llega a manos de Tomás Funes, cuya mujer
era nieta de Díaz.
Funes construyó el actual casco de la estancia allá por
1830; y en 1859, después de haberse firmado el pacto de
San José de Flores y con la esperanza de pacificación en
el país, decidió cambiar el nombre de la estancia por el
de La Paz. Tomás Funes tuvo dos hijas, Elisa y Clara, que
se casaron en 1872 con sendos futuros presidentes de la
República: Miguel Juárez Celman (periodo 1886-1890) y Julio
Argentino Roca (periodos entre 1880-1886 y 1898-1904). Clara
y Julio Argentino Roca pasaron largas temporadas en La Paz;
en 1890 ella muere y Roca hereda la estancia que continuó
utilizando hasta su deceso en 1914. En la estancia, Roca
recibió numerosas visitas como las de Sarmiento, Avellaneda,
Pellegrini, Figueroa Alcorta y Cárcano, entre muchos otros.Estancia
La Paz -
Informes:
Ruta E66 - Km 14 - (03525) 49-2073 / 42-4468 |