Es
uno de los yacimientos pictográficos
más importantes y bellos del continente americano.
A
unos 100 kilómetros al norte de Jesús
María por ruta nacional Nº9 encontramos la localidad
de Santa Elena. Desde Allí hay que tomar la ruta provincial
Nº1 hacia el oeste (mitad asfalto, mitad ripio) para llegar
a Cerro Colorado. El nombre de esta localidad, situada
donde concurren los límites de los departamentos Río Seco,
Tulumba y Sobremonte, se debe al ligero color rojizo de
las areniscas que forman estos cerros, entre los que sobresalen
el Colorado (830 msnm), el Veladero (810 msnm) y el Inti
Huasi (712 msnm). Este color rojo se mezcla con el verde
la vegetación y la frescura del agua que aportan el arroyo
de los Molles y el río de los Tártagos.En Cerro Colorado
se puede pernoctar en casas de familia que ofrecen camas,
en los dos campings y en una hostería que está próxima
a su apertura. Pero este encantador lugar también ha trascendido
por ser el sitio elegido por el famoso músico y compositor
de folklore argentino, don Atahualpa Yupanqui. En el lugar
llamado Agua Escondida, Atahualpa
decidió edificar una casa en la que vivió y desarrolló
gran parte de su extensa obra, como así también el lugar
donde fueron esparcidas sus cenizas.
Cerro
Colorado
Informes: (03522) 42-2180 |


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| Historia
y detalles: A
fines del siglo XIX, Leopoldo Lugones publicó en 1903
un artículo sobre su importancia arqueológica dando la
primera noticia sobre las pinturas, alabando "su extraordinaria
delicadeza de matiz y de dibujo".Tras importantes estudios
realizados fue declarado Monumento Histórico Nacional
en 1961, produciéndose su definitiva incorporación al
sistema de áreas naturales protegidas de nuestra Provincia
de Córdoba en el año 1992.
Es considerado una de las más bellas demostraciones artísticas
del período precolombino, e incluido en ambiciosos proyectos,
el más importante de ellos para ser nominado por la UNESCO
como patrimonio del mundo. Según los investigadores, Cerro
Colorado es el conjunto de repositorios más importante
del área arqueológica de las sierras centrales y de nuestro
país. ¿Por qué esta importancia?. Allí, en este paisaje
agreste, donde aún sobreviven el quebracho y el algarrobo,
en ciento veinte cuevas que seguramente sirvieron de refugio
a comechingones y sanavirones, se encuentran las pinturas
rupestres que sintetizan más de 1.500 años de historia.
En esas cuevas naturales, miles de figuras, algunas de
ellas enigmáticas, cuentan de aquella cultura a través
de los dibujos de animales, de guerreros, de seres humanos,
de acciones como la caza o las cosechas. Las figuras han
sido motivo de estudios de reconocidos profesionales argentinos
y extranjeros. Si se decide a visitar este valioso yacimiento
pictográfico, uno de los más importantes de nuestro continente,
podrá apreciar una serie de pinturas rupestres realizadas
por los indígenas varios siglos atrás, algunas de las
cuales representan escenas de la vida cotidiana, figuras
de animales y personas, armas de la época y aspectos de
las creencias religiosas de los nativos.
Los cóndores, jaguares, llamas y guanacos que muestran
las pinturas desaparecieron hace tiempo del Cerro Colorado.
Pero aún hay corzuelas, pecaríes de collar, vizcachas,
pumas, gatos monteses, halcones, entre otros habitantes
que recorren la zona entre el murmullo del arroyo Los
Molles y el río de Los Tártagos. La zona del Cerro Colorado
estuvo ocupada hace 8.000 años por la cultura Ayampitín,
aborígenes nómades especializados en la caza. A partir
del año 500 llegaron del norte otros pueblos aborígenes,
dos de los cuales habitaron el lugar a la llegada de la
colonización española: los sanavirones y los comechingones.
Ellos nos legaron el arte rupestre desde los siglos V
al X, hasta la llegada de los españoles en el XVI. Las
pinturas rupestres de Cerro Colorado resumen algo así
como 1.500 años de historia.
Las últimas muestran a los conquistadores, guerreros erguidos
sobre sus caballos. Después nada. Las culturas sanavirona
y comechingona desaparecen y se silencia su voz. Pero
quedan en paredes de los cerros las imágenes de las majadas
de los indios, de los cultivos que cuidaban, de las piezas
de caza que perseguían en el afán cotidiano por el sustento
de la tribu, quedan también las siluetas de los guerreros
y cazadores y de otras actividades importantes, como las
danzas que tendrían un sentido ritual. Las pinturas del
Cerro Colorado, apenas una marca en el paisaje, resumen
lo que es esa zona tan querida por Don Atahualpa, síntesis
de la dramática confluencia de indios y españoles. El
lugar, casi sin promoción, merece la detenida y respetuosa
atención. Especialmente hay que cuidar que no se produzca
ningún daño, aunque sea involuntario, sobre estos antiguos
testimonios, pues sería irreparable.
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Museo
arqueológico:
desde donde parten las visitas guiadas.
Horario: de lunes a domingo; excepto los días 11 de
febrero que permanece cerrado. En este día finalizan
las fiestas patronales que comienzan nueve días antes
y que comprenden la organización de peñas, serenatas,
la novena a la Virgen de Guadalupe, y que culmina con
el descenso de la Virgen desde el cerro en medio de antorchas.
Fundación
Atahualpa Yupanqui: Aquí se exhiben diversas
pertenencias del artista como premios, partituras, libros,
etcétera. También es posible observar videos en una sala
construida a tal efecto y visitar la biblioteca popular.
Horario: lunes y martes de 14 a 16:30h, miércoles a
domingo de 10 a 16:30h |